Deshidratación.
En este artículo, y a pedido de un visitante, vamos a tratar el principal elemento o componente que todo deportista de montaña ha de cuidar con esmero, para rendir correctamente en cualquier actividad que se desarrolle en este medio: el agua.
Todos conocemos, aceptamos y tenemos siempre en cuenta lo dicho en el anterior párrafo, pero a veces, por diversos factores (como no querer cargar más peso, no tener en cuenta que las fuentes pueden estar secas en verano o tapadas por la nieve en invierno, etc.), incurrimos en una planificación incorrecta o una mala administración que podría llevarnos a una situación realmente peligrosa y comprometida en la cual nos veríamos obligados a reabastecernos, si es que existen, de cualquier nevero, torrente, arroyo y/o río, pudiendo caer entonces en un peligro aún mayor al beber esas aguas no tratadas.
La deshidratación puede aparecer más rápidamente de lo que nos creemos si no prestamos la debida atención a la planificación y administración de nuestras reservas de agua. Una deshidratación grave, que puede darse fácilmente tanto en épocas cálidas como en pleno invierno (hay que tener esto último muy en cuenta), podrá llegar a causar alguno o todos de los siguientes efectos: fatiga continuada, extenuación, fuerte dolor de cabeza, mareos, falta de atención y concentración y desorientación. Imaginemos que esto sucede en una zona complicada, en una trepada o durante una escalada invernal o en pared. El resultado podría llegar a ser muy lamentable. Hay que tener presente que a mayor altitud mayor será la probabilidad de que aparezca la deshidratación, sobre todo en períodos calurosos.
De cara a un buen rendimiento en la realización de una cierta actividad en montaña, no basta sólo con beber la suficiente cantidad de agua durante esa actividad sino que es necesario también llegar al inicio de la misma correctamente hidratado. Para ello se hace muy recomendable beber grandes cantidades de agua (de 2 a 3 litros por día) durante los dos o tres días anteriores al inicio de esa actividad y también hechar un buen trago justo antes de comenzar a caminar o escalar. De esta manera nuestro rendimiento será mayor. Un buen medidor de nuestro grado de hidratación es la orina, cuanto más clara o incolora sea nuestra orina mejor hidratados estaremos. Incluso la ingesta de alcohol durante los períodos muy próximos al inicio de una actividad mermará en gran medida nuestra correcta hidratación, la prueba la tendrán en el color de su orina.
Durante el desarrollo de la propia actividad iremos bebiendo pequeños tragos de forma periódica, controlando en todo momento las reservas disponibles y la duración de la actividad. La aparición frecuente de ganas de orinar será síntoma de que vamos hidratándonos correctamente. Nunca debemos esperar a tener sed para beber. La aparición de la sed es, en sí misma, un síntoma de deshidratación y podría llegar a ser ya demasiado tarde para evitarla. Una mala administración y poco recomendable conducta sería aquella basada en beber puntualmente grandes cantidades de agua.
Tener el agua fácilmente accesible nos ayudará bastante. Si llevamos el agua dentro de la mochila seguro que nos dará fastidio beber por estar quitándonos la misma cada cierto tiempo. Una buena opción (y muy viable para controlar en todo momento nuestras reservas de agua) es llevar en bolsillos laterales de maya una pequeña botella (de agua mineral de medio litro por ejemplo) fácilmente manejable y de la que beberemos de forma periódica. Cuando esa botellita se termine la rellenaremos de las botellas o depósitos más grandes que llevemos dentro de la mochila. A muy bajas temperaturas en invierno tendremos que tener cuidado y vigilar que no se congele la botella que llevamos a mano, pero hoy en día vienen estuches termicos que evitan esto.
Otro sistema que se está utilizando en montaña actualmente son las bolsas de agua (Camel Back). Estas, procedentes del mundo de la bicicleta de montaña, consisten en una bolsa plástica que se puede llenar de agua (las hay de distintos volúmenes) de la que sale un tubo también plástico terminado en una boquilla por la que el deportista va succionando para obtener el agua. Todo el sistema va acoplado y correctamente colocado en la mochila (muchas vienen ya con el sistema preparado). La utilización de este sistema requiere valorar de forma correcta y en todo momento las reservas de agua de las que disponemos. Hay que tener en cuenta que muchas veces nos tendremos que quitar la mochila para saberlo, puesto que la bolsa de agua no estará a la vista. También en este sistema tendremos que tener muy en cuenta en invierno la formación de hielo en el tubo y la boquilla. Para evitar al máximo, en inverno, la formación de ese hielo podemos seguir el siguiente consejo: cada vez que terminemos de beber soplar aire hacia dentro del tubo para que no se queden restos de agua en el mismo. También existen unos forros de neopreno para evitar el calentamiento y el congelamiento del agua en el tubo.
Si en medio de una ruta nos damos cuenta que nos ha fallado nuestra planificación o que no hemos llevado una correcta administración de nuestras reservas de agua, no nos quedará más remedio que intentar a toda costa encontrar un lugar donde reabastecernos, si queremos evitar la aparición de una buena deshidratación. En la actualidad, en nuestras montañas, no es tan saludable beber agua de cualquier fuente, manantial o nevero como lo era en la antiguedad. No tener cuidado en este aspecto nos puede llevar a incurrir en un peligro mayor tal y como se dijo al principio de este artículo. Hay que tener en cuenta que en muchos casos en montaña una fuente no es más que una tubería insertada en un arroyo o manantial, sin ningún tipo de sistema de filtro. La nieve tampoco ofrece buenas garantías, los desechos animales pueden llegar a contaminarla y debemos saber que los microorganismos sobreviven a muy bajas temperaturas. No debemos fiarnos tampoco de los grifos y las fuentes de algunos refugios de montaña, ya que éstos y éstas podrían no tener sistema de purificación alguno. Así mismo tampoco debemos confiar en los arroyos cercanos a refugios de montaña muy masificados.

En parte, la culpa de esta contaminación la tenemos los propios montañistas, senderistas y excursionistas al dejar nuestra orina y restos fecales. El ganado suelto en montaña también influye, y mucho, por lo que deberemos prestar suma atención a reabastecernos en cursos de agua donde más arriba pueda haber ganado.
Patógenos del Agua. ¿Cómo combatirlos?
El peligro que se corre en la actualidad al beber agua de las montañas es realmente grande. Las consecuencias de beber agua contaminada pueden ir entre una buena diarrea y una buena infección amebiana o parasital. A continuación se exponen los agentes patógenos que podemos encontrar en el agua contaminada, las consecuencias que éstos pueden acarrear en nuestro organismo y los métodos más eficaces para eliminarlos:
Bacterias: Muy comunes, con gran variedad de tipos, en las aguas de montaña contaminadas. La forma más común de eliminarlas del agua recogida es hirviéndola. También se pueden utilizar productos químicos (como las pastillas potabilizadoras) y filtros adecuados.
Parásitos: Amebas, gusanos y protozoos conforman esta familia. Los protozoos son los más comunes y los que constituyen mayor peligro para la salud. Están presentes en todas las montañas del mundo. Las enfermedades que causan suelen aparecer en un periodo comprendido entre 2 y 20 días y sus efectos son náuseas, diarrea, dolores de estómago, dolores de cabeza y fiebre. Algunos parásitos son resistentes a algunos productos químicos por lo que lo más seguro en este caso es hervir el agua.
Virus: Generalmente en el agua de nuestras montañas se encuentran pocos virus. Aún así y para asegurarnos de su eliminación siempre trataremos el agua. La forma más común es otra vez mediante la ebullición del agua recogida, aunque en este caso también se pueden utilizar productos químicos. Un virus podría provocarnos la temida Hepatitis.
Como vemos se hace casi absolutamente necesario tratar el agua que recojamos en montaña de lugares poco fiables.
El método más seguro de tratamiento será siempre la ebullición del agua que recojamos. Pero claro esta técnica nos obligaría a llevar siempre con nosotros un calentador y en rutas y ascensiones de un día el peso a añadir a la mochila lo hace muy poco práctico. De ahí que en este tipo de salidas la correcta planificación y la buena administración de nuestras reservas se haga fundamental. En rutas de varios días lo normal es llevar el calentador para cocinar por lo que esta necesidad de ebullición del agua quedaría cubierta.
Para salidas de un día, y para ahorrarnos el peso y volumen del hornillo (aunque ambas características se han reducido mucho en la actualidad en los hornillos de última generación) lo ideal sería contar con la ayuda de los otros dos métodos más comúnmente utilizados: los filtros y los productos químicos (pastillas potabilizadoras por ejemplo), aplicados ambos siempre: primero el filtro y después las pastillas. De no ser posible esto, lo mas correcto sería averiguar con anterioridad si no hay pelicgro de beber el agua del río por el cual transitarán, esta información nos la darán los baqueanos o personas del lugar.
Antes de pasar a ver estos dos tipos de ayudas decir que en salidas de varios días lo ideal también va a ser utilizar siempre los tres tipos de ayudas en el siguiente orden: filtros, ebullición y pastillas. De esta forma estaremos seguros de eliminar todo tipo de contaminantes (esto es para en los casos que sea necesario).
-Volviendo al tema de la Deshidratación en si, vamos a puntualizar mas en los sintomas, la prevención y el tratamiento.
Síntomas
La deshidratación se hace cada vez más evidente conforme se pierde más líquido. El agua constituye un 75 % del peso corporal, es decir unos 50 litros en el ser humano medio.
a) 1-5% de pérdida de líquido: sed, ligera incomodidad, falta de apetito, piel encendida, impaciencia, somnolencia, náuseas, Disminucion o ausencia de produccion de orina; la orina concentrada aparece de color amarillo oscuro.
b) 6-10% de pérdida de líquido: somnolencia, jaqueca, respiración trabajosa, ausencia de saliva, lenguaje confuso, incapacidad para andar.
c) 11-20% de pérdida de líquido: delirio, lengua inflamada, incapacidad de tragar, visión borrosa, piel entumecida y arrugada.
Prevención y tratamiento
1-Disponer del suficiente abastecimiento de agua para la salida a realizar.
2-NO esperar a la sensación de sed para beber porque ya es una señal de desequilibrio en el organismo.
3-En ejercicios intensos, es aconsejable consumir bebidas isotónicas.
4-Tomar bebidas poco azucaradas con calor . Con el frío en cambio conviene que lo sean.
5-El agua obtenida de la fusión de la nieve o el hielo puede producir calambres y desordenes digestivos al carecer completamente de sales minerales. Sino hay más remedio se puede incluir en el agua estas sales u obtenerlas de los alimentos.
6-El agua de arroyos, ríos, acequias y fuentes siempre son una incógnita de potabilidad si no viene indicado lo contrario por muy buena o transparente que sea, es conveniente tratarla.

Fuentes: http://www.climbingvenezuela.com
Blog Club Excursionista Activo




